El modelo OCAM como motor de desarrollo sostenible e inclusivo

 

Un nuevo paradigma local

 

Los municipios son mucho más que una estructura administrativa. Son comunidades vivas, espacios donde se cruzan la economía, el bienestar y la vida cotidiana.
Hoy, más que nunca, se enfrentan al desafío de equilibrar el crecimiento con la sostenibilidad, la eficiencia con la equidad, la innovación con la inclusión.

En este contexto, la Oficina Cámara de Apoyo Municipal (OCAM) promueve un enfoque que responde a las exigencias del siglo XXI: el modelo de Triple Impacto. Un modelo que integra tres dimensiones inseparables del progreso —económica, social y ambiental— y que convierte a los municipios en protagonistas de una transformación profunda y duradera.

 

El Triple Impacto: una visión integral del desarrollo

 

Durante décadas, el éxito de las políticas públicas se midió en términos de eficiencia económica: cuánto se crecía, cuánto se invertía, cuánto se producía. Hoy sabemos que ese enfoque es insuficiente. El desarrollo real es aquel que genera prosperidad económica, bienestar social y equilibrio ambiental al mismo tiempo.

El modelo de Triple Impacto propone mirar más allá de las cifras y evaluar las políticas municipales según su contribución simultánea a las personas, al planeta y a la prosperidad.
No se trata de elegir entre crecimiento y sostenibilidad, sino de diseñar estrategias donde ambos conceptos se refuercen mutuamente.

La OCAM adopta este enfoque como principio rector de su trabajo con los municipios, convirtiendo cada proyecto en una oportunidad para construir valor compartido.

 

Impacto económico: prosperidad que se queda en el territorio

 

El primer eje del Triple Impacto es el económico. Un municipio sostenible necesita un tejido empresarial sólido, diverso y competitivo. La OCAM ayuda a los ayuntamientos a fortalecer su economía local mediante programas de apoyo a pymes, impulso al emprendimiento y fomento del comercio de proximidad.

Pero el impacto económico no se mide solo por la creación de riqueza, sino por su capacidad para redistribuirla y mantenerla en el territorio. Cuando el crecimiento beneficia a las empresas locales, al empleo y al comercio, se genera un círculo virtuoso: la prosperidad deja de ser abstracta y se convierte en bienestar tangible.

El desarrollo económico sostenible no busca solo atraer inversiones, sino consolidar un ecosistema en el que cada actor —público o privado— contribuya al bien común.

 

Impacto social: el bienestar como prioridad

 

El segundo eje del modelo es el impacto social. Cada política municipal, desde la educación hasta la movilidad, tiene consecuencias sobre la calidad de vida de las personas. Por eso, la OCAM trabaja con los ayuntamientos para garantizar que las decisiones se tomen con una mirada humana, inclusiva y participativa.

Esto se traduce en proyectos de empleo, programas formativos, planes de igualdad, acciones de inclusión digital y apoyo a colectivos vulnerables. Pero también en la creación de espacios públicos amables, seguros y accesibles, donde la convivencia sea el eje del diseño urbano.

El impacto social no es una categoría estadística: es el reflejo de una comunidad que se cuida. Y los municipios que lo asumen como prioridad fortalecen el tejido que los sostiene: su ciudadanía.

 

Impacto ambiental: cuidar el entorno, asegurar el futuro

 

El tercer eje del Triple Impacto es el ambiental. La emergencia climática ya no es un horizonte lejano, sino una realidad cotidiana que condiciona la gestión local. La OCAM apoya a los municipios en su transición ecológica mediante diagnósticos de huella de carbono, planes de sostenibilidad y proyectos de economía circular.

El impacto ambiental positivo implica repensar el consumo energético, la movilidad, la gestión de residuos y la planificación urbana. No se trata solo de reducir emisiones, sino de construir un modelo de convivencia armónico con el entorno natural.

Cada acción cuenta: una farola eficiente, un parque cuidado, un sistema de reciclaje eficaz o una campaña de sensibilización. Los municipios que integran el cuidado ambiental en su gestión no solo protegen su territorio, sino también su identidad y su futuro.

 

El equilibrio entre los tres ejes

 

El gran reto del Triple Impacto no es desarrollar cada eje por separado, sino integrarlos en un mismo marco de acción coherente. No hay sostenibilidad ambiental sin cohesión social, ni progreso económico sin justicia.

Por eso, la OCAM promueve una metodología transversal, donde cada proyecto municipal se evalúa a partir de estos tres criterios. Un plan de empleo, por ejemplo, no se valora solo por el número de puestos creados, sino también por su contribución al bienestar y al respeto ambiental. Un programa de digitalización no se mide solo por la eficiencia que logra, sino por su capacidad de inclusión y su impacto ecológico.

Esa mirada holística convierte la gestión pública en un ejercicio de equilibrio inteligente: crear prosperidad cuidando de las personas y del planeta.

 

 

Medir para mejorar: indicadores de impacto

El modelo de Triple Impacto requiere herramientas de medición claras.
Por eso, la OCAM trabaja con los municipios en la definición de indicadores cualitativos y cuantitativos que permitan evaluar los resultados de forma objetiva.
Se trata de traducir los valores en datos: empleo generado, reducción de emisiones, participación ciudadana, satisfacción del servicio, entre otros.

Medir no significa burocratizar, sino aprender. Cada evaluación permite ajustar los programas, identificar buenas prácticas y replicarlas en otros municipios. El conocimiento compartido se convierte en una fuente de mejora continua para todo el territorio.

 

De la responsabilidad a la cultura del impacto

 

El modelo de Triple Impacto no es solo un marco de gestión: es una filosofía.
Significa pasar de la responsabilidad a la conciencia, de la obligación a la coherencia.
Cuando un municipio adopta este enfoque, está afirmando que el progreso no se mide en el corto plazo, sino en el legado que deja para las próximas generaciones.

La OCAM impulsa esta cultura del impacto mediante formación, comunicación y asesoramiento. Ayuda a los municipios a alinear sus políticas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y a incorporar los valores del Triple Impacto en su planificación estratégica.

El resultado son municipios más coherentes, más humanos y más preparados para los desafíos del futuro.

 

La cooperación como palanca del impacto

 

El Triple Impacto no puede lograrse en solitario. Requiere la colaboración entre administraciones, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía. La OCAM actúa como plataforma de cooperación, facilitando el encuentro entre estos actores y generando sinergias que multiplican los resultados.

Cuando el sector público y el privado comparten una misma visión —crear valor económico, social y ambiental—, los efectos positivos se expanden por todo el territorio.
Esa es la esencia del modelo OCAM: convertir la colaboración en impacto.

 

Municipios que inspiran futuro

 

Los municipios de Triple Impacto son aquellos que miran más allá del presente, que entienden que cada decisión local puede cambiar el rumbo de una comunidad.
Su éxito no se mide solo en obras o cifras, sino en bienestar, sostenibilidad y confianza.

La OCAM acompaña a los ayuntamientos en este camino, ayudándolos a diseñar políticas que generen prosperidad compartida y equilibrio con el entorno. Personas, planeta y prosperidad: tres dimensiones, una misma visión.

El futuro de los municipios será sostenible o no será. Y el modelo de Triple Impacto es la brújula que puede guiarlos hacia ese futuro posible, justo y duradero.

 

Este artículo se ha elaborado en el marco de la Resolución del Área de Cooperación Municipal y el Servicio de Promoción Económica de la Diputación de Valencia de concesión de una subvención a la Oficina de Sostenibilidad de Cámara Valencia para el fomento de políticas de competitividad en el tejido municipal y empresarial en el ejercicio 2025.