
El auge del alojamiento turístico de corta duración —impulsado por plataformas digitales— ha transformado los destinos urbanos y costeros. Desde el punto de vista ambiental, el balance no es uniforme: aparecen beneficios potenciales (descentralización espacial, mejor ocupación de viviendas) pero también externalidades relevantes (presión sobre recursos, residuos, movilidad y ruido). La evidencia reciente en Europa muestra que el crecimiento de alquileres turísticos ha sido muy rápido, tensionando el mercado de la vivienda en ciudades con alta demanda, a la vez que varios gobiernos locales avanzan en nuevas regulaciones para equilibrar actividad económica, convivencia vecinal y sostenibilidad del destino.
La huella de carbono del alojamiento depende de múltiples factores: eficiencia energética del edificio, ocupación, estancias mínimas, climatización y movilidad asociada. Algunos análisis estiman que la huella por ‘noche‑habitación’ puede ser significativa cuando se incluyen emisiones directas, indirectas e inducidas. Por ello, varias ciudades impulsan estándares de eficiencia, límites de ocupación y requisitos de gestión de residuos; y algunos operadores informan públicamente sus avances en sostenibilidad.
Más allá del carbono, los destinos enfrentan impactos sobre residuos, consumo de agua en picos estacionales y presión sobre espacios públicos sensibles. Las respuestas regulatorias se están sofisticando: moratorias o cupos por barrio, exigencias de licencia, zonificación, controles de ventilación e iluminación en viviendas transformadas, e incluso prohibiciones temporales de nuevas licencias en zonas saturadas. Estas medidas buscan salvaguardar el derecho a la vivienda, la convivencia y la calidad ambiental.
Un enfoque de sostenibilidad del turismo de corta duración debe combinar: (1) gobernanza basada en datos (registros obligatorios, interoperabilidad y trazabilidad de anuncios); (2) criterios ambientales mínimos (eficiencia energética, gestión de residuos, control de ruidos, planes de movilidad); (3) instrumentos económicos (tasas finalistas, incentivos a la rehabilitación verde y a estancias más largas); y (4) participación comunitaria para medir efectos sobre empleo local y comercio de proximidad. La cooperación entre niveles de gobierno y plataforma‑administración es esencial para la implementación.
A futuro, los destinos que integren métricas ambientales y sociales en su modelo turístico —apoyados por información transparente y evaluaciones periódicas— podrán equilibrar mejor la experiencia del visitante con el bienestar de residentes. La calidad, más que la cantidad, será el vector de competitividad.
Reuters. (2025, 2 junio). In Spain, short‑term rentals surge despite bid to rein in overtourism. https://www.reuters.com/
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Hesse, M., & Vílchez, P. (2022). Short‑term rentals and urban change. Journal of Housing and the Built Environment.
Caeiro, S., et al. (2025). Residents’ perspectives on STR platforms and sustainability. Journal of Sustainable Tourism.
Este artículo se ha elaborado en el marco de la Resolución del Área de Cooperación Municipal y el Servicio de Promoción Económica de la Diputación de Valencia de concesión de una subvención a la Oficina de Sostenibilidad de Cámara Valencia para el fomento de políticas de competitividad en el tejido municipal y empresarial en el ejercicio 2025.
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