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Sostenibilidad y gestión del riesgo climático en la empresa 

Por qué el riesgo climático ya es un riesgo empresarial 

Hace meses, una empresa perdió tres semanas de operativa por las inundaciones.
Tenía memoria ESG, objetivos de reducción de emisiones y un informe de sostenibilidad publicado. 

Pero no tenía ningún plan para el día en que el clima interrumpiera su negocio. Y cuando ocurrió, todo lo demás dejó de importar. 

Ahí está el problema real. 

Durante años, la sostenibilidad empresarial se ha construido mirando hacia afuera: qué emite la empresa, qué consume y cómo comunica su compromiso medioambiental. 

Pero en la otra mitad -la que protege el negocio cuando el entorno cambia- está la gestión del riesgo climático. 

No son dos temas distintos. Son el mismo tema visto desde dos ángulos. 

Incluso los marcos regulatorios europeos están incorporando el riesgo climático como parte obligatoria de la información de sostenibilidad que las empresas deben reportar. 

Por eso, integrar la gestión del riesgo climático en tu estrategia de sostenibilidad no es añadir una capa más de complejidad. En realidad, es completar lo que ya estás construyendo. 

Eso es lo que vas a encontrar en este artículo. 

Por qué el riesgo climático ya es un riesgo empresarial 

Durante mucho tiempo, el cambio climático fue un tema de cumbres internacionales, informes científicos y titulares de prensa. 

Algo importante, sin duda, pero que en el día a día de una empresa costaba traducir en decisiones concretas. 

Eso ya no es así. 

La gestión del riesgo climático ha entrado en los consejos de administración, en las auditorías financieras y en las conversaciones con los bancos. 

No porque las empresas se hayan vuelto más concienciadas de golpe, sino porque el riesgo se ha vuelto demasiado visible como para seguir ignorándolo. 

Hasta el punto de que el Banco Central Europeo lleva años advirtiendo que las entidades financieras deben evaluar su exposición al riesgo climático como parte de sus pruebas de resistencia. 

Recordemos que no todos los riesgos climáticos funcionan igual, no se miden igual ni se gestionan igual. Hay dos grandes familias que conviene conocer desde el principio: 

  • Riesgos físicos y riesgos de transición 

Los riesgos físicos son los que derivan directamente de los cambios en el sistema climático. 

Se dividen en dos tipos que conviene no confundir. Los riesgos agudos son eventos puntuales de alta intensidad, como una DANA que destruye instalaciones. 

Los riesgos crónicos son más lentos y, por eso, más difíciles de anticipar, como el aumento sostenido de las temperaturas que deteriora la eficiencia energética de un edificio. 

Ambos tipos de riesgo físico afectan a activos reales, a operaciones concretas y a personas. Y su impacto financiero es cada vez más cuantificable. 

Cómo identificar los riesgos climáticos en tu modelo de negocio 

Lo primero que debes saber es que identificar los riesgos climáticos en tu modelo de negocio no requiere un equipo de analistas ni una consultoría cara. 

Requiere hacerse las preguntas correctas. ¿Qué le pasaría a tu operativa si durante dos semanas las temperaturas superaran los 42 grados en tu zona de producción? ¿O qué ocurriría si tu proveedor principal, que está en una región costera, tuviera que cerrar por inundaciones? 

Ahora bien, entender que tienes riesgos es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es saber dónde duelen más. Y no todos los riesgos climáticos golpean igual ni en el mismo sitio: 

  • Impacto en operaciones y cadena de suministro 

Según el Foro Económico Mundial, las interrupciones en la cadena de suministro relacionadas con el clima cuestan a las empresas globales más de 500.000 millones de dólares al año. 

No es una cifra abstracta. Es la suma de pedidos no entregados, clientes perdidos, penalizaciones contractuales y recursos destinados a apagar fuegos que, con un poco de anticipación, no habrían llegado a producirse. 

La buena noticia es que la resiliencia operativa frente al clima no exige rediseñar toda la cadena de golpe.  

Empieza por mapear qué proveedores son irremplazables a corto plazo, en qué zonas geográficas están concentrados y qué nivel de redundancia tienes si alguno falla. 

  • Exposición financiera y reputacional 

Hay un momento en el que la conversación sobre riesgo climático deja de ser ambiental y se vuelve financiera. 

Las grandes entidades financieras europeas llevan dos años incorporando el riesgo climático a sus modelos de scoring crediticio.  

Lo que antes era una pregunta de cuestionario ESG se está convirtiendo en un factor que afecta a los tipos de interés, a los límites de financiación y, en algunos casos, a la disponibilidad del crédito. 

Las aseguradoras también lo están notando. Las primas en sectores con alta exposición climática han subido entre un 20 % y un 40 % en los últimos tres años en algunas regiones españolas. 

Y luego está la reputación, que es más difícil de medir, pero igual de real. 

Los grandes compradores públicos y privados están empezando a pedir a sus proveedores algo que hace cinco años nadie pedía: que demuestren que tienen identificados sus riesgos climáticos y que están haciendo algo al respecto. 

Cómo integrar el riesgo climático en la estrategia corporativa 

Integrar la gestión del riesgo climático en la estrategia corporativa significa que las decisiones de negocio -inversiones, proveedores, ubicaciones, líneas de producto, planes de expansión- se toman teniendo en cuenta qué puede pasar si las condiciones climáticas cambian. 

El marco de referencia más extendido para hacerlo correctamente es el TCFD, las recomendaciones del Task Force on Climate-related Financial Disclosures. 

No es el único, pero sí el que más peso tiene hoy en el ecosistema financiero e inversor europeo. 

Ahora bien, saber que hay que integrar el riesgo climático en la estrategia es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es más operativa, y es donde muchas empresas se atascan. 

Hay dos piezas que, por experiencia, determinan si todo esto queda en papel o se convierte en algo que realmente mueve la empresa: 

  • Gobernanza y responsabilidad interna 

La gobernanza del riesgo climático funciona cuando hay alguien con autoridad real que lo tiene en su agenda, no como tarea delegada, sino como responsabilidad directa. 

En empresas grandes, eso suele traducirse en un comité específico con representación de finanzas, operaciones y dirección general. 

Por otro lado, en empresas medianas puede ser suficiente con que el tema tenga un propietario claro en el comité de dirección y una cadencia de revisión establecida. 

Hay otro elemento de gobernanza que se suele pasar por alto: la formación. No todo el equipo directivo tiene el mismo nivel de comprensión sobre qué implica el riesgo climático para el negocio. 

No hace falta que lo tengan todo claro desde el primer día, pero sí que las personas que toman decisiones entiendan lo suficiente como para formular las preguntas correctas. 

  • Indicadores y seguimiento 

Aquí es donde muchas empresas se pierden. No por falta de voluntad, sino porque el abanico de métricas posibles es tan amplio que paraliza. 

Huella de carbono, intensidad hídrica, exposición física por activo, escenarios de temperatura, valor en riesgo climático ajustado… La lista puede crecer hasta hacerse inmanejable. 

La clave no es medirlo todo. Es medir lo que realmente te ayuda a tomar mejores decisiones. 

Un buen sistema de indicadores para la gestión del riesgo climático empieza por ser honesto sobre en qué punto está la empresa. 

Si estás empezando, tres métricas bien medidas y revisadas con regularidad valen más que un dashboard de cuarenta indicadores que nadie lee. 

Herramientas para evaluar y gestionar el riesgo climático 

Antes de entrar en las herramientas concretas, conviene recordar que evaluar el riesgo climático no es lo mismo que hacer un informe de sostenibilidad. 

No se trata de contar lo verde que es tu empresa. Se trata de entender qué amenazas físicas y económicas puede enfrentar tu negocio por el cambio climático y qué decisiones tomar con esa información. 

Por eso, hay dos herramientas que, dentro de todo este ecosistema, merecen especial atención porque son las que más información útil generan con menos recursos: 

  • Análisis de escenarios 

Cuando le preguntas a un director financiero si ha pensado en el impacto del clima sobre su negocio, la respuesta más habitual es: «Algo hemos hablado, pero no hemos entrado en detalle». 

Y eso, traducido a la práctica, significa que las decisiones de inversión, expansión o contratación se están tomando sin incorporar una variable que ya está afectando a los resultados. 

La metodología más utilizada para lograrlo sigue las recomendaciones del TCFD y trabaja con al menos dos escenarios contrastados: uno de transición ordenada hacia una economía baja en carbono y otro de calentamiento descontrolado con alto impacto físico. 

  • Mapeo de vulnerabilidades 

El mapeo de vulnerabilidades parte de la estructura real de la empresa -sus activos, su cadena de suministro, sus procesos operativos y sus mercados- y los cruza con los riesgos climáticos identificados. 

El resultado es un diagnóstico de exposición: qué partes de tu negocio son más sensibles, cuáles tienen menos capacidad de adaptación y cuáles concentran el mayor riesgo económico si las condiciones cambian. 

Hay empresas que, al hacer este ejercicio, descubren que su vulnerabilidad principal no está en sus propias instalaciones. 

Está en un proveedor de tercer nivel que opera en una zona con alto riesgo de sequía o en una ruta de distribución que cruza una región con creciente inestabilidad climática. 

Beneficios de anticiparse al riesgo climático 

Anticiparse no es lo mismo que preocuparse. Hay empresas que llevan años preocupadas por el cambio climático y no han movido nada. 

Y hay empresas que tomaron una decisión concreta, documentaron sus riesgos, ajustaron sus procesos y hoy operan con una estabilidad que sus competidores no tienen. 

Porque anticiparse al riesgo climático no solo protege lo que ya tienes, sino que construye una empresa más sólida, más atractiva y con mejores argumentos para crecer:  

  • Mayor resiliencia 

La resiliencia climática no se improvisa. Se construye con decisiones concretas como diversificar proveedores por zona geográfica y exposición climática, revisar la ubicación de activos críticos, actualizar los planes de continuidad del negocio con escenarios reales y formar a los equipos para que sepan cómo actuar. 

Y ahí está la trampa.  

Las empresas más resilientes no esperaron a que algo fallara para prepararse. Lo hicieron cuando todavía no era urgente y, por eso, cuando llegó la urgencia ya tenían respuestas. 

  • Mejor posicionamiento ante inversores y clientes 

Hace cinco años, preguntar a una empresa por su exposición al riesgo climático era algo que hacían cuatro fondos de inversión especializados y poco más.  

Hoy lo pregunta casi cualquier inversor institucional, muchos bancos antes de aprobar financiación y un número creciente de grandes clientes antes de firmar un contrato de largo plazo. 

El mercado cambió. Y las empresas que no lo han notado todavía lo van a notar pronto. 

Los criterios ESG -medioambientales, sociales y de gobernanza- han pasado de ser un diferencial a ser una condición de entrada en muchos procesos.  

No porque los inversores se hayan vuelto altruistas, sino porque han entendido que una empresa con riesgos climáticos no gestionados es una empresa con riesgos financieros no gestionados.  

Conclusión 

Puede que hayas llegado a este artículo con dudas sobre si la gestión del riesgo climático es algo que realmente le corresponde a una empresa como la tuya.  

Si el tema te queda grande, si parece cosa de multinacionales o de sectores muy expuestos, si hay demasiadas siglas y demasiados marcos que no sabes muy bien cómo aplicar. 

Es normal sentir eso al principio. 

Pero si algo queda claro después de todo lo que hemos visto es esto: las empresas que gestionan bien sus riesgos climáticos no lo hacen porque sean más concienciadas.  

Lo hacen porque han entendido que ignorar esos riesgos tiene un coste real y que anticiparse tiene un retorno real.  

El cambio climático ya está afectando cadenas de suministro, infraestructuras, mercados financieros y decisiones de compra.  

No de forma uniforme ni predecible, pero sí de forma constante y creciente. Las empresas que han integrado esa realidad en su estrategia operan con más estabilidad, generan más confianza y toman mejores decisiones.  

No hace falta hacerlo todo a la vez. Hace falta saber por dónde empezar. 

¿Quieres saber cuál es el primer paso para tu empresa? 

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